Imanol San Julián

Más allá de lo visible, contada por Imanol San Julián
Me llamo Imanol San Julián… y no veo.
Pero eso no significa que no sienta la montaña.
Cuando perdí la vista, pensé que también había perdido muchas cosas: los paisajes, los caminos, la libertad de moverme sin miedo. Creí que el monte se quedaría solo en recuerdos… en algo que ya no volvería a ser parte de mi vida.
Hasta que apareció el Club Deportivo Upsala Senderismo.
Allí entendí que la montaña no solo se ve… se escucha, se respira, se pisa, se comparte. Cada paso tiene sonido, cada sendero tiene textura, cada cima tiene una emoción distinta que no necesita ojos para sentirse.
En las rutas inclusivas, nunca camino solo. Hay manos que guían, voces que acompañan, silencios que abrazan. Y en ese conjunto, descubres algo poderoso: que la verdadera visión no está en los ojos, sino en la confianza.
Ser socio de Upsala no es solo pertenecer a un club. Es formar parte de una familia donde nadie se queda atrás, donde las barreras no desaparecen… se superan juntos.
Yo no veo las montañas… pero las vivo.
Siento el viento en la cara cuando alcanzamos una cima, escucho las risas del grupo cuando el cansancio se convierte en orgullo, y noto cómo el corazón late más fuerte en cada paso.
Y entonces entiendes algo:
Que la inclusión no es ayudar a alguien a caminar… es caminar juntos.
Hoy, cuando alguien me pregunta si echo de menos ver la montaña, sonrío.
Porque hay cosas que ni la ceguera puede quitarte…
Como la emoción de llegar.
Como la libertad de seguir avanzando.
Como el privilegio de no rendirse.

Guillermo Bello

Para muchas personas, era una ruta sencilla, para Guillermo Bello, fue un gran reto. No por la distancia ni por el desnivel, sino por todo lo que había detrás: años de dudas, miedos e incertidumbre.

Guillermo pasó 12 años de su vida en una silla de ruedas. Doce años en los que vivir implicaba hacerlo desde otro lugar, con otros tiempos y otros límites. Pero hubo un momento en el que algo cambió. Una voz interior le empujó a intentarlo de nuevo.

Ese fue su verdadero primer paso: venir.

Llegó sin saber qué se iba a encontrar, pero con ganas de dar una oportunidad a algo distinto. Y en Upsala encontró precisamente eso: un grupo donde nadie va por delante de nadie, donde cada persona importa y donde el ritmo lo marca la persona, no el camino.

Paso a paso, sin presión y con acompañamiento, Guillermo fue avanzando. Cada metro recorrido fue mucho más que avanzar en una ruta: fue ganar confianza, romper barreras y comprobar que sí podía.

Y lo consiguió.

Hoy, Guillermo Bello no solo participa: es socio del Club Deportivo Upsala Senderismo. Su historia representa lo que este proyecto quiere demostrar cada día: que con apoyo, respeto y comunidad, la montaña puede convertirse en un espacio real de inclusión, superación y libertad.

Rosi Inés

“Tengo una discapacidad visual. Y durante mucho tiempo eso marcó la forma en la que yo creía que podía vivir el mundo.
No es solo no ver bien… es caminar con incertidumbre, es depender más de otros sentidos, es aprender a confiar cuando no todo es claro.
Llegó un momento en el que empecé a escuchar demasiado eso de “esto no es para ti”. La montaña, los senderos, los caminos… como si todo tuviera que estar limitado por lo que no veo.
Y lo peor es que, sin darte cuenta, acabas dudando tú también.
Pero dentro de mí seguía habiendo algo que no se apagaba: las ganas. Las ganas de sentir la naturaleza, de formar parte de algo, de no quedarme al margen de la vida.
Alfonso, mi marido, ha sido siempre mi apoyo más firme. Nunca me ha tratado como alguien que no puede, sino como alguien que solo necesita una forma distinta de hacerlo. Ha sido mis ojos cuando lo he necesitado, pero sobre todo, mi impulso cuando me faltaba valor.
Un día decidimos dar el paso juntos y llegar a Upsala. Sin expectativas, sin saber realmente qué nos íbamos a encontrar… solo con la esperanza de intentarlo.
Y lo que encontramos cambió por completo mi forma de vivir la montaña.
Aquí no importa lo que ves o lo que no ves. Importa cómo te sientes, cómo te acompañan, cómo te respetan. Importa que nadie te suelta la mano, ni física ni emocionalmente.
Por primera vez, no me sentí limitada. Me sentí parte.
Empecé a caminar con miedo, sí… pero también con emoción. Aprendiendo a confiar en el grupo, en Alfonso, en mí misma. Descubriendo que la montaña no solo se mira: también se siente en la tierra bajo los pies, en el aire, en las voces que te guían.
Y poco a poco entendí algo que me marcó: sí podía. No a la manera de otros, sino a la mía.
Hoy soy socia del Club Deportivo Upsala Senderismo porque aquí no solo he encontrado rutas. He encontrado libertad, respeto y una forma de vivir que no me excluye.
🌄 Y cada vez que camino, recuerdo algo muy simple pero muy grande:
la montaña no necesita que la veas… necesita que la vivas.
Porque cuando el camino es de verdad inclusivo… la vida se abre de otra manera.”